Mi primer poema

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El tren viene y va

y hace chiqui-chiqui-chiqui-cha;

el tren va y viene

y chiqui-chiqui se detiene.

¡La estación!

Chiqui-chiqui-chiqui-cho.

Suban pasajeros

y paguen, por favor;

pasajeros siéntense

y tranquilos quédense,

si quieren café

¡llámenme!

y con mucho gusto

enseguida lo traeré.

Horas y horas

viajé en el tren

y por esa ventana

miré y miré;

había una señora

lavando en el río,

dijo adiós con su mano

morada de tanto frío;

vi corderos, caballos

y vacas

y miles de clases

de plantas;

de repente sonó un silbato :

– Fiuuuuuuu…

chiqui-chiqui-chiqui-chu.

¡Mi estación!,

aquí me bajo yo.

Y veo como el tren se aleja,

chiqui-chiqui-chiqui-cha,

el tren viajero se va.

 

Dedicado a Rosa Serrano y Matilde Portales.

Para el espacio radiofónico “La cafetera”, en Aldaia-Radio.

Ariadna, 8 años (2002)

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https://www.conmishijos.com/ocio-en-casa/letras-de-canciones/canciones-en-un-vagon.html

 

 

 

 

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El sofá soñador

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A Manolo le gustan mucho los viajes pero es muy perezoso y odia hacer las maletas, dice que se cansa mucho. Tampoco le gusta esperar al tren o al autobús, dice que se aburre. Él viaja tumbándose en su sofá soñador y visita lugares maravillosos.
Todo empezó una mañana. Ese día, al abrir la puerta de su casa, encontró un paquete muy grande. En la etiqueta indicaba que era para él, pero no había comprado nada ni sabía quién podía habérselo mandado. El paquete tenía unos sellos muy misteriosos y grandes. Manolo comenzó a desenvolverlo y ¡sorpresa, dentro había un maravilloso sofá! Corrió a decírselo a su madre, la cual se quedó aún más sorprendida que él, y entre los dos lo metieron en casa después de que la convenciera de que no se trataba de un error y evitara así devolverlo a la oficina de correos. Nada más colocarlo en el salón Manolo se sentó en él. Era suavecito y muy cómodo, ideal para las siestas. Esa misma tarde Manolo decidió hacer una siestecita en el nuevo sofá. A los pocos minutos de sentarse, mientras se estaba durmiendo y pensando que sería fantástico viajar a Egipto para ver las pirámides, escuchó unos ruidos extraños en el interior del sofá y volviendo su cabeza a un lado y al otro, en busca de esos sonidos, descubrió que al sofá le habían salido alas y empezaba a elevarse. Salieron Manolo y el sofá por una ventana y en menos que canta un gallo el sofá aterrizó en el desierto. ¡Sin preparar maletas ni esperar en aeropuertos! Pudo ver desde las alturas las impresionantes pirámides de Egipto y caminar sobre la arena. Pero, ¿cómo volvería a casa? Manolo tenía esa duda. ¿Tendría que soñar con su casa para volver?
En un bolsillo, en la parte trasera del sofá, había un libro de instrucciones que indicaba la existencia de una palanca, pero él no sabía exactamente que pasaría al accionarla. Con mucho cuidado cogió la palanca y la cambió de posición. Al hacerlo se invirtió el trayecto del viaje, así que Manolo volvió a su casa rápidamente y sin perder ni un momento le contó a su madre lo que le había ocurrido. Su madre no le creyó, pensó que su hijo tenía demasiada imaginación, pero Manolo insistió e hizo sentar en el sofá a su madre, diciéndole que cerrara los ojos y pensara en algún lugar al que le gustaría viajar. A los pocos minutos la madre de Manolo se encontraba en una bonita playa tropical disfrutando del sol y del mar ¡Esto era fantástico!.
Desde entonces Manolo y su familia pueden viajar sin hacer maletas, sin esperar trenes, ni aviones y sin gastarse ni un euro.
– ¡Manolo, cariño, despierta que vas a hacer tarde al colegio.
– ¡ No te preocupes mamá!, ahora mismo me voy con el sofá volador y llego enseguida.
– Pero, ¿ qué sofá volador ni que tonterías dices? Anda, lávate la cara y date prisa que cada día eres más perezoso. Y que sea la última vez que te quedas toda la noche durmiendo en el sofá de tu padre.

 

Ariadna, 10 años (2005)

 

 

 

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Prestidigitador de Arena

Bernini

septiembre 07, 2018

 

No fui Midas
Pero ingerí oro,
No por codicia,
Por estar sólo.
Pero ahora maldigo
Tu empacho de plomo,
Que convierte a ninfa
En corredor de fondo.
Posando tu laurel
Sobre mi cabeza,
Negarías la miel
A la abeja reina.
Así que yo recitaré
A cada una de tus ramas,
La divina comedia
La juventud eterna.

http://prestidigitadordearena.blogspot.com/2018/09/bernini.html

 

EL BÚHO DURMIENTE

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Érase una vez un búho que vivía en el hueco de un árbol del parque. Por el día no podía dormir porque los niños alborotaban con sus gritos y por la noche, cuando tenía que salir a cazar ratones, se quedaba dormido. Los otros búhos, que vivían a las afueras del pueblo, le comentaban sus hazañas a la luz de la luna.

-¿A la luz de la luna? ¿qué era luna? – se preguntaba. Búho no lo sabía.

Unos le decían que era como una perla blanca colgada del cielo que a veces se hacía fina y otras veces crecía, entonces Búho se imaginaba un balón que subía alto y allí se quedaba colgado, como cuando los niños chutaban y se quedaba el balón enganchado en su árbol. Otros le decían que era un satélite que daba vueltas alrededor del mundo, los más sabios, y así aún se le hacía…

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Sapiens

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Sapiens

El mayor placer, como madre, es aprender de mis hijos…

Prestidigitador de Arena


Tan fácil y simple como mirar mi reflejo en los charcos de la calle,
en los charcos de sangre.
Sacrificando mi infancia por observar el mundo,
sabe bien el panteón que se la fié a Saturno.
Nistagmus,
que me impide diferenciar el jardín
de las delicias en mi iris.
Pero los demonios han tomado forma, de espíritus,
dejando marca en mi mirada gris,
siendo yo mi propia horma.
Locura de Munch recorriendo mi sistema nervioso,
averiado, como la inocencia de Kubin.
Recuperarse es anecdótico,
como la luz en mis ojos,
como ponerle fin.
Erguirme en nombre del mono,
ya renuncié al cielo nocturno de Van Gogh,
a la visión humana,
a idealizarnos sabiendo que nos mentimos,
para no flagelarnos.
Ahora toca despellejarnos y refundar los cimientos de anatomía,
bajo el yugo de la absenta, para soportar el dolor como guía.


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