Prestidigitador de arena, València Banyada.

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Original en : http://prestidigitadordearena.blogspot.com/2019/02/valencia-banyada.html

València Banyada

febrero 23, 2019

El viento provocado por tus alas en mi nuca,
me va despreocupando de cortarme las uñas.

Estas acostumbrada a odio entre sollozos,
pero hoy vas a bailar bajo la luz de los focos.

Todo el mundo nos mira si contamos a mi perra, que no para de ladrarte.
Si contamos a mi horóscopo que sólo podía ser cáncer.
Si contamos a mis párpados que no dejo cerrarse.

Mi pelo se abre paso entre tus frías manos,
mientras pides otro vaso de sueños inalcanzados.

Consigues hacer trampas y besándome provocas,
que cierre los ojos y que pida disculpas, por todas las pedidas.

Mentres pense que algun dia pagaré tots el deutes,
em xiuxiueges cau l’orella que ja han sigut pagades, cada nit per València.

Mentre vaig dormint-me comences a cantar-me,
que a les cinc de la matinada no esperaves que acabarem, pels carrers de ciutat vella.

“València banyada”

Ix furtiu dels meus llavis i tan sols un t’estime, es capaç de fer justíscia,
mentre un t’estimo trenca la llínea recta,
i els somnis apleguen per llevar-se mi consciència,
però l’últim t’estim, deixa la porta oberta.

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València, amaneciendo. XBC2019.

 

Prestidigitador de arena, Dualidad.

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http://prestidigitadordearena.blogspot.com/2019/04/dualidad.html

Dualidad

abril 09, 2019

La niña pintora levanta la mirada,
y observa impaciente su obra inacabada.
El lienzo compuesto de rojo y de negro,
habla con matices para el ojo experto.
Sombras que se entrelazan con otras,
y sucesivamente forman figuras,
que sucesivamente forman sombras,
y sucesivamente no las forman.
Tan grande como el imaginario permite,
tan repleto de cosos indescriptibles,
pero a su vez tan desolador, vacío de vida,
tan desgarrador, indescifrable enigma.
Su lengua mutilada por falta de temor,
insinúa que no terminará de pintar,
un lugar frío, oscuro y acogedor,
al fin y al cabo, un hogar.

 

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XBC2019, un hogar.

 

Un regalo para Andrés

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Andrés era un niño que ya había cumplido los cinco años. Se acercaba la navidad y él sabía muy bien qué quería: unos “hot wheels a toda velocidad” como los que salen en la tele. Sus padres pensaban que no era un buen regalo por ser de plástico duro y contener piezas pequeñas, ellos decidieron que algo más blandito como un oso de peluche que habían visto en las rebajas seria lo mejor. Llegó el día 25 de diciembre. Andrés se despertó muy pronto y abrió su regalo. En la caja había un oso de peluche grande y muy blandito. Andrés se decepcionó mucho, no le habían regalado lo que el quería, él ya era mayor para peluches, pensaba. Sus padres intentaban convencerle de que era mejor y más bonito, que si “ya veras que te vas a divertir mucho jugando con el oso”, que los “hot wheels” para cuando fuera un poco más mayor. Andrés estaba enfadadísimo y metió al oso en su caja. Ya no confiaría más en Papa Noel y todas esas cosas, ya dudaba incluso de que la Navidad le trajera un poquito de paz para que sus compañeros de clase no se metieran con él.

En realidad este oso tenía un secreto y Andrés no lo sabía, ni se lo podía imaginar. Este oso no era de aquí, era de un lugar mágico y había venido a traer algo.

Una mañana, ya de vuelta al colegio después de las vacaciones, le resultó extraño que su compañera Rosa le saludara al llegar a clase, y que por la tarde Juanito le prestaba sus juguetes de “hot wheels”. Cada día iban sucediendo estas cosas, estos milagros, si milagros, aquello no tenía explicación alguna, parece que ya lo consideraban un amigo sus compañeros y esto le llenaba de felicidad. Poco a poco se fue olvidando de su enfado.

Una noche estrellada el oso se decidió a hablar con Andrés. El niño algo asustado y maravillado saludó al oso y se sentó junto a la caja. El oso le preguntó al niño:

-¿Qué te ha traído la navidad?

A lo que el niño contestó:

-¡Un oso que parecía tonto pero que ahora habla!

-Y, ¿algo más?

-No sé, algo extraño creo, algo así como felicidad. Yo quería mis coches a toda velocidad pero… me enfadé mucho pero…mis compañeros de clase me tratan mejor…y estoy feliz aunque no tenga mis coches veloces.

-Entonces, he sido un buen regalo de navidad porque te he traído la felicidad.

-¿Tú me has traído la felicidad?

-Sí, elegí a tus papas porque sabía que tenías problemas, los oí hablar de ti cuando estaban en el escaparate eligiendo regalos. Ellos te iban a comprar los “hot wheels” pero yo los convencí para que me llevaran contigo.

Andrés se quedó sin palabras, mudo. Se sentía emocionado y le dio un abrazo grande al oso. Pensó que las próximas navidades no le importaría que le regalasen lo que fuera e incluso nada, porque ya tenía los mejores regalos del mundo: unos padres que le querían y protegían y un peluche extraterrestre, o algo parecido, que es su mejor, mejor amigo que ha conseguido que los compañeros de Andrés nunca más se metan con él.

 

Para Isaac.

Ariadna, 10 años

Después del fin del mundo

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El día que cumplí veinticinco años me lo pasé perfecto. Tuve muchos regalos, la tarta estaba buenísima y lo pasamos muy divertido. Mis padres vivían conmigo desde que a papá le dio aquél achuchón; ellos me regalaron la grabadora que hoy recoge este testimonio. Al acabar el día me dieron las buenas noches y me fui a la cama. Desde entonces no sé nada de ellos.

Esa noche no pude dormir, pesadillas extrañas se metieron en mis sueños. Por la mañana me levanté y me sentía cansada. Me lavé la cara y vi mis ojeras por no dormir. Hice la cama y me asomé a la ventana a ver el ambiente de la calle y vi que todo estaba desolado. No había nadie, todo estaba desierto. Solo estaban las casas pero sus habitantes no estaban. Hasta los árboles y los animales habían desaparecido. Salí a ver si había alguien escondido en algún lugar, pero no había nadie. Pocas horas antes vivía en una ciudad repleta de personas y ahora estaba completamente sola. Volví a mi casa desorientada y sin respuestas.

Por la tarde salí por salir, tenía pocas esperanzas, pero anduve y anduve  bajo un sol abrasador sin encontrar ni un poquito de vida. Pasaron los días en soledad y cierta mañana, entre unas ruinas, bajo una madera asomaba una plantita muy pequeña, pero viva. La llevé a casa, la planté en una maceta y la regué. La planta crecía y crecía deprisa y en pocas semanas apareció una flor. Esa flor se abrió un día y de ella salió un joven pequeño que poco a poco se fue haciendo más y más grande. El fue quien me contó lo que pasó aquella noche, cómo desaparecieron los demás y para que estábamos aquí nosotros. Éramos la esperanza de todos los que ya no estaban. Juntos emprendimos una nueva vida que dio lugar a una nueva era para la humanidad… una era de esperanza para todos los seres vivos.

Ariadna, 13 años.

Imagen Siracusa 036 (2)

XBC – Siracusa – 2016

 

Prestidigitador de arena, Arena.

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Prestidigitador de Arena http://prestidigitadordearena.blogspot.com/

Arena

agosto 12, 2018

Que decirte, si sabes de sobra que la muerte
es una idea recurrente que pasa por mi mente
hasta la madrugada del día siguiente,
no me malinterpretes,
me atraen, sus ojos de pantera,
fijándote en ellos verás la galaxia entera.
Su aroma te recordará a esas tardes,
que pasabas corriendo y riendo,
como si ya no tuvieras que preocuparte.
Si te fijas en su respiración
sentirás que es calmada,
te transmite ese sentimiento, sin ninguna razón.
Si te fijas en su boca te dice lo que quieres oír
mientras sujeta una daga detrás de la tela.
Si te fijas en sus orejas son realmente pequeñas,
al fin y al cabo no sirve de nada intentar convencerla.
Si te fijas en su cara no verás ni una sola arruga,
nunca le sorprende nada, lleva tanto tiempo en esto
que su piel empieza a ser porcelana.
Si te fijas en sus brazos,
verás que tiene un reloj de arena tatuado
pero que se mueve con el paso del tiempo
y cambia de nombre según tiene al lado.
Si te fijas en sus manos, las verás tersas y puras,
pues ella no se las mancha sino el ser humano.
Si te fijas en ella no ves más que una persona,
una máscara, al final,
todos lo somos y no podemos juzgarla.
“Te he echado de menos”
Me dijo al oído mientras me tocaba
la pierna con gesto de afectivo.
Y tonto de mí le seguí el juego.
Tiré los dados y salió 0.
Dijo que no era mi hora, que esperara el momento,
que a todos nos toca, pero prefiero entregarme a ella
a vivir sin su boca.
“Tienes cosas que hacer”
Decía cariñosa mientras se marchaba.
Quise seguirla pero la mirada me fallaba,
y desperté en una cama.
Estaba hospitalizado y no veía nada.
Mi madre estaba conmigo,
ella la echó a patadas.
Pero sigo pensando, obsesionado,
con ese momento que nos volvamos a encontrar,
no estoy triste, que quede claro,
pero siento que tengo algo que buscar
y sólo cuando llegue a ella podre descansar.

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