El frigorífico

Estándar

Érase una vez un frigorífico que estaba en un escaparate deseando que alguien se lo llevara a casa y lo llenaran de comida. Una fría noche, de las que le gustan al frigorífico, unos ladrones rompieron el cristal del escaparate y se lo llevaron a su guarida. El frigorífico se quedó allí solo hasta que por la mañana los ladrones lo enchufaron y empezaron a meter comida en él : un queso, unos tomates, unas manzanas y unas cervecitas. Cuando la puerta del frigorífico se cerró la luz también se apagó y así en la oscuridad el frigorífico empezó a contar a los alimentos que lo habían robado de una tienda de electrodomésticos y  que necesitaba su colaboración para vengarse de esos villanos.  El plan era que cuando volvieran a abrir la puerta del frigorífico les darían un escarmiento dándoles un susto.

Y así fue. Cuando uno de los ladrones fue a sacar unas cervecitas, al abrir la puerta del frigorífico, saltaron sobre el los alimentos. Un tomate le dio en un ojo, una manzana en la cabeza y cuando su compinche fue ha socorrerlo salió rodando el queso, que rodó y rodó hasta hacerlo caer. Los ladrones ante esta situación salieron corriendo perseguidos por los alimentos y hasta el frigorífico corría detrás de ellos. Justo por la calle pasaba un coche de la policía que los vio salir del portal a toda prisa y pensando que salían de robar de alguna casa los arrestaron.

Los ladrones contaron su historia y nunca nadie los creyó.

Ariadna, 8 años (2002)

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