Me siento extraña

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Un día cualquiera fui al colegio. A tercera hora me tocaba Educación Física. Jugué con el balón y con el disco. De momento me mareé y me senté en el suelo. Me faltaba el aire. Mi amigo José Vicente estaba a mi derecha y Fran a la izquierda, pero ¡ tenían las caras intercambiadas! ¡Qué extraño! ¿ Sería una alucinación a causa del mareo?, eso pensé.

A la mañana siguiente fuimos a clase de música. Para llegar allí hay que bajar unas escaleras y junto a la clase está el cuarto de la limpieza. Cuando estábamos en clase a la profesora se le derramó la botella de agua y mandó a Fran y a José Vicente al cuarto de la limpieza a por un trapo y la fregona. Cuando salieron la maestra se dio cuenta de que había olvidado la carpeta y me mandó a mi a por ella. Estaba a punto de subir el primer escalón cuando los vi cogiendo la fregona con ocho tentáculos viscosos, muy contentos y hablando un idioma desconocido. Subí corriendo aterrada, pensando que algo malo me estaba ocurriendo o algo extraño estaba cambiando a mis amigos. En la siguiente clase, que volvía a ser la del día anterior, Educación Física, otra vez me mareé, con un ahogo muy grande que me apretaba el pecho y ¡volví a ver a mis amigos convertidos en alienígenas! El corazón me iba muy deprisa y me llevaron al gimnasio. Me tumbé y cerré los ojos. Pasados unos minutos, cuando abrí los ojos mis dos amigos estaban allí haciéndome compañía. Fran alborotaba con sus ocho patas y José Vicente me miraba. Entonces le pregunté:

– ¿Estoy viendo visiones?

– No, no estás viendo visiones, esto es real. ¡Mírate tú!

Miré hacia mis piernas y ¡que horror!, tenía unos pies enormes tipo caracol y mis manos eran ocho tentáculos de color lila. ¡No podía estar pasando esto!, pero mis amigos me explicaron los motivos de los mareos y que eran provocados por los cambios del proceso de crecimiento alienígena.

También se ahora que solo nos pueden ver con nuestro auténtico cuerpo los que son de nuestra especie, por lo demás pasamos desapercibidos y nos mezclamos con los humanos. No hacemos daño, sólo somos una comunidad creciendo en la tierra.

A lo mejor tú no lo sabes y mañana te pasa a ti.

Ariadna, 10 años (2004)

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Ilustración digital de Ray Caesar

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