La guardiana

Estándar

A  una biblioteca municipal de un pueblo valenciano, todos los días sin falta, iba una joven bibliotecaria a trabajar. Disfrutaba mucho con su trabajo y le encantaba rodearse de libros, ordenarlos y catalogarlos. Aunque le gustaban todo tipo de libros tenía como favoritos las biografías y los de terror. Un día estaba arreglando el estante de las enciclopedias, que estaba hecho un desastre, y como tuvo que sacar todos los tomos se dio cuenta que detrás había un libro de aspecto viejo y estropeado. Le quitó el polvo que cubría las tapas y apareció el título: Ábreme. Haciendo caso lo abrió y de pronto sintió como si algo se la tragara deprisa, sin poder reaccionar. Cuando se quiso dar cuenta se encontró dentro de un castillo lleno de telarañas y de moscas muy grandes. Algunas moscas volaban y otras estaban atrapadas en la tela de una araña enorme que caminaba hacia la bibliotecaria. Ella salió corriendo hacia no sabía donde y de repente encontró unas escaleras de caracol. Subió lo más deprisa que pudo. Al final de las escaleras había una habitación, abrió la puerta y entró en la sala, muy cansada, cerrando lo más deprisa que pudo y dejando al otro lado de la puerta a la araña. La sala era una biblioteca con muchos libros de terror. Una vez recuperado el aliento cogió un libro y se sentó en un sofá rojo que había junto a la ventana. Comenzó a leer. Trataba sobre una bibliotecaria que desaparecía en circunstancias muy extrañas. Esto le hizo refrescar la memoria y darse cuenta de lo que le estaba ocurriendo. ¡Se encontraba atrapada en el libro!

Mientras tanto en la biblioteca del pueblo su compañera la buscaba sin dar con ella en toda la mañana. Pensó que se habría puesto enferma y la llamó al móvil. Una cancioncilla retumbó en las paredes de la sala y la bibliotecaria se sintió aliviada. ¡Su móvil sonaba!, pero no había cobertura. Para no perder la esperanza pensó que alguien vería el libro, lo cogería y le ayudaría a salir. Se armó de paciencia y esperó leyendo. No sabía, al principio, que llegar al final del libro sería la solución a su problema, pero poco a poco lo fue viendo más claro.

Vino la noche y en el pueblo todos buscaban a la joven. Fue una noche muy larga y no tenían ninguna pista.

Por la mañana abrieron la biblioteca, como todos los días. A eso de las doce llegó un joven, se dirigió a la sala donde había desaparecido la bibliotecaria y cogió directamente el libro titulado Ábreme. Lo guardo en uno de sus bolsillos y luego se fue a los lavabos. Puso el libro frente al espejo y lo abrió. Allí, en la página noventa y nueve, estaba la bibliotecaria. Ya había terminado de leer el libro y había descubierto como salir, sólo tenía que esperar a que volviera el bibliotecario del castillo. Ella aún no se había dado cuenta que el joven la miraba, entonces él le dio la vuelta al libro y fue absorbido y de inmediato salió la bibliotecaria.   La joven salió del lavabo con el libro bajo el brazo y se dirigió a su mesa, abrió el cajón, dejó el libro y cerró con la llave. Desde ese día ella es la guardiana del secreto de los libros.

Ariadna, 10 años (2004)

 

 

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