Descubrir un mundo mágico

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Esta es la historia de Mishell, una niña que no sabía jugar si no era con sus juguetes. Para ella lo más importante era tener muchos juguetes y de hecho tenía una habitación solamente para ellos. Tenía de todo y todo el día se lo pasaba jugando. Un día de invierno su madre le dijo que tenía que irse a casa de su abuelo porque papá y mamá tenían que hacer las compras de Navidad. El abuelo la recogería del colegio y la llevaría su casa hasta que los papás fueran a recogerla. A Mishell no le dió tiempo de coger ningún juguete para entretenerse y cuando llegó a casa de su abuelo se empezó a aburrir en seguida. Le preguntó a su abuelo si tenía algún juguete para ella y le dijo que no pero que podía subir al desván a ver si allí encontraba algo para jugar. Mishell subió un poco enfurruñada y pensando que seguro se lo iba a pasar fatal allí arriba.

El desván estaba lleno de polvo y oscuro, solo por una rendija de la ventana pasaba una raya de luz del poquito sol que quedaba de la tarde. Encendió una lámpara y vio unas cajas, muebles viejos y un baúl muy bonito que le llamó la atención. Dentro del baúl había unas pinturas y un viejo libro de colorear. Con un gesto de poco agrado abrió el libro y empezó a pintar sin muchas ganas. Comenzó coloreando una juguetería muy bonita que tenía de todo. Cuando acabó de pintarla levantó la mirada del papel y miró a su alrededor, se quedó sorprendida, ¡el desván se había convertido en una juguetería!. Jugó durante mucho rato con juguetes que nunca había visto y cuando se cansó volvió a coger el libro para colorear la siguiente hoja, donde había un jardín con árboles muy altos y muchas flores. Cuando terminó de pintar aquel jardín el desván olía muy bien y se sentó debajo de uno de los árboles que ahora crecían donde antes había muebles viejos, y se puso a mirar las nubes…

-¡Mishell, ya estamos aquí!

Las voces de papá y mamá la despistaron de su juego encantado y  cerró el libro, volviendo el desván a ser como antes, un lugar polvoriento y lleno de trastos. Bajó corriendo las escaleras, y mientras iba pensando, entusiasmada, que nunca se lo había pasado mejor y que los juguetes no eran lo más divertido, como ella pensaba, que un libro o una hoja o unos colores     eran un mundo mágico donde la imaginación se hace realidad.

 

Ariadna,  8 años  (2002)

 

Fotografía de x.b.c

Fotografía de x.b.c. Ariadna 2012.

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