XR 329

Estándar

Eran las dieciocho horas, cuarenta y cinco minutos, treinta segundos. La NASA ponía a prueba su segundo proyecto de experimentación: “Clones humanos II”. A las diez horas, treinta minutos y cuatro segundos, el clon llamado Henry ya estaba completado. Han pasado ya muchos años desde aquello. Henry ha crecido y el experimento es todo un exito. Sólo falta comprobar si está listo para la vida en el exterior.

Una mañana de mayo dos turistas paseaban  por la orilla de la playa. A lo lejos vieron a Henry salir del agua, como un zombie, tambaleándose. Los turistas se acercaron a él y le ayudaron. No pudieron comunicarse con él porqué no hablaba y parecía desconcertado, asustado. Estas personas llamaron a la policía y se llevaron a Henry a un hospital psiquiátrico. Cuando llegó le dieron un papel y un lápiz por si acaso así podían comunicarse con él. Dibujó un piano.

Un día después le llevaron ante un piano y comenzó a tocar como si quisiera decir todo lo que no podía con la voz. Tocaba como un maestro de maestros, como Beethoven, como Mozart, como cualquiera de los grandes compositores de la historia. Mientras tanto las noticias de todo el mundo mostraban las imágenes del pianista que no sabía o no podía hablar y que no recordaba nada de su pasado. Pasaban las semanas y nadie parecía conocer a Henry. Nadie lo reconocía ni como hijo, ni como amigo, ni como nada. Estando en el hospital se le invitó a participar en un concierto que patrocinaba un señor mayor muy rico. Tocó, entre otras obras, Las cuatro estaciones de Vivaldi y su éxito fue rotundo. El hombre rico, llamado Willians, se hizo cargo de su tutela y se lo llevó a su casa, no sin antes ofrecerle al hospital la suma de un millón de euros.

Willians utilizó a Henry durante meses para quedar bien en sus fiestas y ceremonias. Pero cierto día Henry, harto de ir para acá y para allá, parece que recobró la memoria y algo le impulsó a tirarse desde el puente que une el estrecho entre el Mar del Norte y el Atlántico. Así que el día veintiséis de octubre de 2005, a las dieciocho horas, cuarenta y cinco minutos y treinta segundos, se tiró por el puente. Para algunos fue un suicidio. Para Henry fue volver a su hogar.

El laboratorio secreto de la Nasa se encuentra a 900 metros bajo el nivel del mar en algún lugar del océano y su vuelta ya estaba prevista.

Pero aunque esta historia real no sucediera así, no está bien utilizar a las personas, ni como clones experimento, ni cómo seres extraordinarios dominados por la voluntad de otros.

Ariadna, 10 años (2005)

21022015956

Fotografía digital de x.b.c.

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