La cocina de Paola

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Paola era la cocinera de una guardería y todos los días se dirigía a su trabajo muy contenta para preparar sus comidas. Los lunes arroz, los martes sopa, los miércoles lentejas, los jueves fideos y los viernes macarrones. Así semana tras semana.

Un día estaba Paola preparando todos los ingredientes para hacer lentejas cuando apareció la dueña de la guardería muy preocupada y nerviosa, y le dijo:

– ¡Paola, tienes que ayudarme! Primero he de decirte que los padres dicen, que los niños están hartos de comer siempre lo mismo. Ayer no se comieron la sopa. Segundo, dicen que los niños no avanzan por que no saben hablar bien y de todo me echan la culpa a mi, de la comida, de que no damos el servicio que pagan,… Tercero que no podemos variar los ingredientes porque si no no cumplimos los requisitos para la subvención y así una y otra a cada cual peor ¡Estoy muy agobiada! ¡Invéntate algo Paola o nos vemos en la ruina!Parece que todo sale mal. ¡ Ya no se que hacer!

Cuando Paola volvió a su casa, por la noche, se puso a pensar y pensar: todas mis comidas están buenísimas, son nutritivas y no puedo creerme que la comida tenga la culpa de toda esta revolución de padres. Los niños están desmotivados y creo que los padres también; tengo que encontrar una idea sorprendente si no quiero perder mi trabajo. Siguió pensando hasta que al fin encontró la solución. Cogió su libreta de recetas y apuntó:

Los lunes: arroz con prensa.

Los martes: sopa con revistas.

Los miércoles: lentejas con libros de texto.

Los jueves: fideos con historias de miedo.

Los viernes: macarrones con tebeos.

Al día siguiente esta cocinera probó su receta  y sirvió los fideos. Mientras comían los fideos Paola les contaba historias de miedo y los niños, deprisa, deprisa, se los comían todos. El viernes cocinó macarrones y les enseñó unos tebeos llenos de color y personajes divertidos. El fin de semana llegó y mientras tanto Paola siguió inventándose fórmulas para salvar aquella situación. El lunes sirvió el arroz y con periódicos atrasados  fabricaron sombreros con palabras que aprendieron. El martes les trajo revistas de animales fieros y se comieron la sopa sin decir ni “pero” y el miércoles tocaba lentejas y aunque los libros eran feos se las comieron. Y así semana tras semana inventaba sus recetas y les leía cuentos, artículos, problemas resueltos de matemáticas, historias divertidas y aventuras del mundo entero. La cocinera lectora salvó su empleo y tanto los padres como su jefa estaban muy contentos. Los niños comían y aprendían cada día más y más, todo gracias a una cocinera que sin cambiar de ingredientes cambió los ánimos de unos niños, de unos padres y de una maestra que ya no sabía que hacer.

Yo conocí a Paola, fui a aquella guardería. A veces, cuando no tengo palabras para seguir escribiendo mis cuentos voy a ver a Paola y me haga unas lentejas, una sopa o un arroz, su comida me sirve de inspiración.

Ariadna , 9 años (2004)

Diosa cocinando, de 1940. Libro de cocina vintage con ilustraciones de Alice y Martin Provence. https://www.etsy.com

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