El árbol de la vida

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María era una adolescente de 14 años que quería hacerse un tatuaje y todos los días le insistía a su madre con el tema. Su madre “erre que erre” siempre le decía que no, que esperase a ser mayor de edad y que entonces allá ella con su cuerpo. Cierto día, ya muy harta de tanto oír “quiero, quiero,quiero”,la llevó a un tatuador con la condición de que el tatuaje fuera pequeño y se lo hiciera en un lugar poco visible. Eligió un árbol chiquito con una frondosa copa de color verde. De camino a casa no hacía más que agradecerle a su madre el que hubiera accedido a su deseo, de manera tan insistente que la madre pensaba para sus adentros que había sido peor el remedio que la enfermedad.

Pasado un tiempo aquel tatuaje que María se hizo en la espalda, parecía haberse hecho más grande. Al principio pensaron que como la niña había crecido el tatuaje había cedido con la piel, pero lo que no resultó normal fue que, pasados casi veinticuatro años, el árbol de frondosa copa verde le cubriera toda la espalda, desde el cuello hasta la cintura. Algo desesperada, María, visitó a varios expertos tatuadores y ninguno de ellos pudo darle explicación alguna. Incluso acudió a los médicos más prestigiosos y ninguno de ellos pudo hacer nada para parar el crecimiento de aquel árbol de tinta.

Fueron pasando los años y el tatuaje fue creciendo y creciendo sin parar. María ya cumplió los setenta y toda su piel estaba cubierta por aquel misterioso tatuaje. No quedaba parte de su cuerpo en el que aquel árbol no hubiera dejado huella. María murió el mes pasado. Cuando toda su familia estaba velando su cuerpo vieron salir una especie de fantasma que se desprendió de su piel. Todos los que allí estaban se quedaron boquiabiertos creyendo que era el espíritu de María, que salía de su cuerpo, pero lo que realmente vieron era la sombra del árbol que abandonaba la piel. Al cabo de un rato se dieron cuenta de que la difunta ya no estaba tatuada y el misterio fue aún más grande.

Recientemente se ha descubierto que estos tatuajes llamados “Árboles de la Vida” crecen hasta el final de los días de la persona que los lleva y que cuando ésta muere, salen del cuerpo del tatuado para dirigirse a otro vivo. Para que estos tatuajes sigan viviendo solo necesitan que al morir el portador exista un tatuador que este tatuando otro árbol.

¿Te has tatuado un árbol pequeño hoy?

El día de mañana será un gran árbol.

 

Ariadna, 11 años.  (2005)

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Amsterdam, 2004. Imagen XBC.

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